Procrastinación del sueño como reivindicación personal

Una mirada desde la psicología cognitiva y la terapia cognitivo-conductual

En la era de la hiperproductividad, muchas personas se enfrentan al mismo dilema al final del día: aun sintiéndose exhaustas, deciden aplazar la hora de dormir para quedarse despiertas y realizar actividades personales. Este patrón, conocido como bedtime procrastination (procrastinación del sueño), ha sido definido como la postergación voluntaria del inicio del sueño nocturno sin una causa externa que lo justifique, pese a anticipar consecuencias negativas (Kroese et al., 2014).

Desde una perspectiva cognitivo-conductual, este fenómeno puede interpretarse como una estrategia de regulación emocional disfuncional y, al mismo tiempo, como un intento subjetivo de “reivindicación del yo” frente a rutinas diurnas altamente demandantes, con escaso espacio para el placer o la autonomía.

Procrastinación del Sueño: Dimensiones Cognitivas y Autorregulación

Las investigaciones muestran que este comportamiento se asocia sistemáticamente con déficits en la autorregulación, particularmente en personas con un bajo autocontrol y dificultades para alcanzar metas a largo plazo como el descanso adecuado (Kadzikowska-Wrzosek, 2018). En este marco, las actividades nocturnas, aunque placenteras, refuerzan el círculo vicioso de evitación, fatiga acumulada y malestar.

Kadzikowska-Wrzosek (2018) también identificó que este patrón se ve influido por el “cronotipo vespertino”, es decir, la tendencia biológica a funcionar mejor en horarios nocturnos. Este desajuste entre el ritmo circadiano y las exigencias sociales (como los horarios laborales) incrementa la vulnerabilidad a la procrastinación del sueño.

La Procrastinación del Sueño Como Variable Mediadora

Más allá de los factores disposicionales, Herzog-Krzywoszanska, Jewula y Krzywoszanski (2021) sugirieron que la procrastinación del sueño media parcialmente la relación entre ciertos rasgos de personalidad y la fatiga diurna asociada a la privación de sueño. Esto posiciona a este patrón no como un mero hábito aislado, sino como un comportamiento con una función psicológica compleja, relacionado con el locus de control, la autoeficacia y la impulsividad.

Este tipo de procrastinación nocturna funciona como un intento compensatorio: una forma de recuperar el sentido de agencia personal ante contextos de hiperexigencia o escasa gratificación.

Consecuencias de la Procrastinación del Sueño y Deterioro del Bienestar

Zhao et al. (2024) encontraron que la procrastinación del sueño está negativamente correlacionada con la calidad del sueño y positivamente asociada a síntomas de disfunción emocional, incluyendo afecto negativo, ansiedad y dificultades de concentración. A su vez, identificaron que las habilidades de autorregulación cumplen un rol mediador: cuanto menores son estas habilidades, mayor es la probabilidad de que la procrastinación impacte negativamente en la calidad del sueño y el bienestar.

Desde la práctica clínica, este patrón puede ser una señal de alerta del desbalance cotidiano crónico, en el que el descanso queda subordinado a la necesidad de compensación emocional, lo que refuerza un ciclo de malestar.

Procrastinación del Sueño y Terapias Cognitivas

El tratamiento puede beneficiarse de una conceptualización funcional del comportamiento, orientada a identificar sus disparadores, funciones y consecuencias. Desde la TCC estándar y los modelos contextuales (como la Terapia de Aceptación y Compromiso), se pueden integrar las siguientes estrategias:

  • Reestructuración cognitiva de creencias disfuncionales sobre el descanso, el rendimiento y el merecimiento (“si me acuesto ya, no tuve tiempo para mí”).
  • Entrenamiento en habilidades de autorregulación, como la tolerancia al malestar y la postergación de la gratificación.
  • Diseño de rutinas diarias que incluyan espacios de gratificación y de eficacia personal, para evitar que el único momento “propio” del día ocurra a expensas del sueño.
  • Intervenciones basadas en valores, como propone la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), para reconectar la conducta con una vida significativa y no solo con el alivio inmediato.

Conclusiones

La procrastinación del sueño no es simplemente una “mala costumbre”, sino un síntoma conductual con raíces cognitivas, emocionales y contextuales. Comprender su función permite diseñar intervenciones más empáticas y eficaces, que no solo promuevan higiene del sueño, sino también un mayor equilibrio entre productividad, autocuidado y bienestar subjetivo.

  

Procrastinación del sueño como reivindicación
Referencias
  • Herzog‑Krzywoszanska, R., Jewula, B., & Krzywoszanski, L. (2021). Bedtime procrastination partially mediates the impact of personality characteristics on daytime fatigue resulting from sleep deficiency. Frontiers in Neuroscience, 15, Article 727440.
  • Kadzikowska-Wrzosek, R. (2018). Self-regulation and bedtime procrastination: The role of self-regulation skills and chronotype. Personality and Individual Differences, 128, 10–15.
  • Kroese, F. M., Evers, C., Adriaanse, M. A., & De Ridder, D. T. D. (2014). Bedtime procrastination: Introducing a new area of procrastination. Frontiers in Psychology, 5, 611.
  • Zhao, Y., Wang, F., Zhou, H., & Liu, X. (2024). The mediating role of self-regulation skills on bedtime procrastination and sleep quality. Journal of American College Health, 72(1), 32–40.

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